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Junio, 2008
La categoría de mujer inmigrante es un abanico que abarca una diversidad extraordinaria de grupos, perfiles, y experiencias colectivas, que no admite simplificación. Incluye grupos y perfiles como los de las mujeres inmigrantes residentes en barrios urbanos, así como los de las estudiantes universitarias haitianas en el país, que va en aumento, los de las mujeres inmigrantes que viven en el campo, en las cordilleras, pero también el de las trabajadoras infantiles haitianas traficadas que encontramos en algunas de nuestras comunidades. Si bien por su edad no se les considera aun mujeres, trabajan como la que más, y más. Viven, por lo general, en condiciones de opresión, de sometimiento, muchas veces de penuria, limitadas por la estrechez de las relaciones de servidumbre. Sus derechos, en tanto niñas y trabajadoras, son violados, frecuentemente atropellados. Infancias escamoteadas, las obligan a asumir pesadas cargas de trabajo a edades tempranas. Viven lejos de su familia, muchas veces sin saber bien dónde, desvinculadas de ellas.
Hay niñas que salen a vender, que salen a la calle, pero son las menos. La mayoría de las que conocimos, trabajan en casas de terceros, son trabajadoras domésticas. Con frecuencia nuestras entrevistadas, las traficadas, trabajan en la misma casa donde viven, muchas de ella son “restavek”, niñas que los padre “dieron”, “dieron en crianza” o “permitieron que vinieran” a cargo de una persona conocida, a trabajar en casa de terceros, quizá con la promesa de que “la señora” habría de cuidar la niña, darle comida, ponerla a estudiar y enviarles algún dinero.
Las trabajadoras infantiles traficadas entrevistadas trabajan todos los días y están disponibles para trabajar todo el día. No decimos que trabajan todo el día porque la mayoría de las entrevistadas asiste a la escuela. Esa parece que es su única salida. Trabajan, afanan antes de ir a la escuela y después que regresan de ella. Estas niñas informan que no reciben paga por el trabajo que realizan; que les dan “ropa y comida”. Unas añaden que le dan “algo” para la escuela y otras señalan que, en ocasiones, las personas con quienes viven envían dinero a las familias de ellas en Haití.
La carga de trabajo es pesada y agotadora. Una niña de 8 años dice que: “cocina, friega, baña a los dos niños (de la casa) para enviarlos a la escuela, luego se baña para ir a la escuela. Se levanta a las 5 de la mañana para hacer oficios. Cuando regresa de la escuela limpia la casa. En la noche cuida a un niño de meses." Otra de 7 años de edad, señala que: “se levanta a las seis, bota la bacinilla de pipí, barre la casa, baña a los 3 niños que viven en la casa, los viste y los lleva a la escuela. Después ella se baña y va a la escuelita. Regresa al mediodía, barre la casa y el patio y luego friega. Juega un rato en la tarde. Después vuelve a bañar a los niños, les pone ropa, juega con ellos. Más tarde trapea, peina los niños, lava su ropa y la de ellos. No sale a vender...”. Otra ya adolescente de 14 años, friega, lava, plancha, cocina, cuida a los niños (de la señora), los peina, los baña.... Dice: “me siento mal, solo yo sola hago el trabajo, hay dos más grandes que yo y no quieren hacer oficios... la señora quiere que yo aprenda bien a hacer oficios para cuando tenga que ir a otro trabajo... ¡pero no me gusta!... los muchachos no me ayudan... además, si no lo hago me da golpes....”
Son inmigrantes que añoran su pasado, describen con reticencia su presente y guardan silencio respecto al futuro que mal consideran “su” futuro. Mudarse, si tienen suerte y encuentran donde vivir, casarse, estudiar algo, regresar a Haití, ponerse a trabajar en un salón, en una tienda, en donde aparezca, son algunas de las opciones que barajan.
Baste presentar dos testimonios resumidos, a sabiendas de que, como estas historias, tantas otras que, más que hablar sobre su condición de inmigrante remiten a su condición de mujer pobre, niña pobre, trabajadora, y en este caso, también haitianas.
Marie. Resumen de Historia de Vida
Marie es una niña tímida, de mirada triste. Habla poco. En ocasiones interrumpía sus breves relatos, quedaba pensativa, con los ojos húmedos. Otras veces, lloró.
Marie desconoce su apellido. No sabe su edad. Cree que tiene 7 u 8 años, pero no está segura. Sabe que nació en Haití... “lejos, en un campo donde no había tantas casas”. No recuerda el nombre del lugar.
Allí vivía con su mamá, su papá y cinco hermanos, de los cuales dice recordar a la mayor, de 16 años, y a Josef, su hermano de 25 años; los otros nombres no los recuerda. “Cuando vivía en Haití estaba con mi mamá. Mi papá venía de noche. Mi casa era grande, de palos con madera y cartón....No me habían apuntado en la escuela, pero me iban a apuntar. En mi casa yo hacía oficios y cuidaba a mi hermanito, jugábamos mucho. Yo tenía una muñeca de trapo y una amiguita que se llama Isabel.” Se le nubla la vista, calla, llora un rato en silencio, retoma el relato: “jugábamos al topao, al escondido, cantábamos petit bató, igual que en español...había una vez un barco chiquitico....”
Marie estuvo renuente a hablar del viaje. “No se por qué vine, me fue a buscar un hombre, M.... de eso hace dos años, yo tenía como seis años... Vine a pie, me dolían los pies. Fue por una loma que se llama El limón.”
“Ahora vivo con Rosemari..., hago mucho trabajo, mucho, muchos oficios, baño a Yadira, la cambio, voy al colmado, compro la comida, compro carbón. No me gusta, por la calle me relajan, me dicen “carbón compra carbón”. (Se le aguan los ojos, se queda callada). Al rato dice en voz baja: “si no hago los oficios me dan golpes”... “La Yadira no hace nada. Ella se queda mirándome. Ella no hace nada y le compran de todo. Cuando las cosas están viejas me las dan a mi.”
“Yo limpio, trapeo, lavo y me duelen las manos de tanto oficio. Cuando voy a la escuela llego tarde”.
Tampoco le gusta salir a vender a la calle, “me dicen cosas, me dicen negrita jedionda”.
“Yo quiero ver a mi mamá, a mis hermanos, yo quiero ir a buscarlos, pero no tengo dinero, nunca me dan dinero, un chin de comida y no me compran nada.”
“Cuando sea grande, yo quiero ser profesora, pero no sé si voy a poder.”
MARICLER. Resumen de Historia de Vida
Maricler dice tener 14 años. Hace dos años que salió de Haití. Es una adolescente que se nota triste y rebelde. Hizo resistencia a la entrevista. Sólo en la tercera entrevista, y después de sentirse un poco en confianza, pudimos lograr conversar con ella.
Señala que “no sé para qué me trajeron... sería para cuidar niños”.... “ yo nunca había ido tan lejos de mi casa... yo vivía con mi papá y mis hermanos Elena y Emilí...mi mamá se murió cuando yo tenía 10 años; no me recuerdo de su nombre... se murió de parto. Yo lloré mucho” Baja la cabeza, se le humedecen los ojos, se quiere ir. Luego se tranquiliza. Los recuerdos traerán otros.
“Cuando yo era pequeña jugaba mucho, hacía casitas con piedra y tuna... las semillas de mango las lavaba y las peinaba como si fuera una gente y hasta les hacía ropita.” Interrumpe el relato, queda pensativa, al poco rato retoma el recuento. “Una vez fui a buscar agua y había un muchacho y le tiré una piedra y le partí la cabeza. Me asusté cuando vi la sangre. Pero él fue que comenzó. El estaba buscando chisme y jodiendo. Lo llevaron donde mi papá para que mi papá lo llevara al médico pero mi papá dijo que no porque fueron ellos que comenzaron con el chisme....” Vuelve a hablar de sus padres. “Yo no sé que hacía mi papá pero mi mamá trabajaba mucho. Yo no quería que ella se muriera porque ella sí que me quería, yo salía a vender con mi mamá. Vendíamos fundas, fósforos, rolos, pimienta, ace, clavos dulce, ajo. Yo iba con ella al mercado y vendíamos comida. Cuando terminábamos de vender mi mamá nos repartía la comida que quedaba...” Piensa en su mamá – aún no se explica cómo olvidó su nombre- y piensa en sus hermanos: Seguro que mis hermanos están pasando mucha hambre. Yo quisiera traerlos para acá, ayudarlos, saber cómo están: nunca volví a saber de ellos”.
“Yo tenía 12 años. Mi papá me dijo que me fuera a casa de mi tío, pero no me dijo que iba a viajar... La señora M. me fue a buscar a casa de mi tía y ese día me obligó a venir para acá. Yo pensé que iba a salir con ella a algún sitio y que luego iba a volver a mi casa... Nos montamos en una camioneta y llegamos a Barahona. Después cogimos una guagua y llegamos aqui . La Señora M. me trajo sin ropa, sin na´. Ella me llevó donde la señora Y. y la señora Y. le pagó”...
“Yo tenía que cuidar una niña. Por la tarde salía a vender maní. Tenía que caminar mucho bajo el sol y me dolía la cabeza. Los muchachos me relajaban y me decían cosas, me decían casco de pimienta, negrita fea y muchas cosas más”....Baja la cabeza y llora calladamente.
“Ahora yo no salgo a vender, pero hago muchos oficios. Friego, lavo, plancho, cocino, cuido los niños, los peino, los baño, y eso así todos los días, hasta los domingos.
También la señora quiere que yo aprenda bien a hacer los oficios para alquilarme en otra casa. No me gusta estar aquí: nadie me ayuda, sólo yo hago trabajos. ...La señora no me paga, me da comida y a veces me compra ropa.... Cuando no quiero hacer las cosas porque estoy harta y cansada me da golpes.....me levanta a las 5 y media, no me compra ni un cuaderno, ni un par de zapatos y por eso yo no puedo ir a la escuela...”
“Cuando sea grande me quiero casar,..., volver a Haití,...., ser profesora.”
FUENTE: El Viralata, Boletìn No. 53; Centro de Reflexión, Encuentro y Solidaridad: ONE RESPE

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